2 Comments
User's avatar
El taller de afuera's avatar

¿No crees que los marketeros, copywriters, profesionales de ventas y perfiles afines han tenido parte de responsabilidad en esto?

Entiendo que, al final, son herramientas dentro de un sistema más amplio. También hay factores estructurales como la prisa, la necesidad de vender rápido, la obsesión por las fórmulas. Te enseñan qué hacer para que funcione, pero no necesariamente por qué funciona.

En ese afán se empezó a copiar a quienes tuvieron éxito. Se instaló la idea de que todo producto tiene una historia poderosa detrás y que si no vende es un problema de narrativa. Pero hay productos y servicios que simplemente son malos, y ninguna narrativa los salva. Pensar que puedes vender cualquier cosa con el discurso correcto es lo que termina inflando el lenguaje.

Especialmente el del “propósito”. Parece que no basta con querer ganar dinero haciendo algo que sabes hacer bien. Tiene que ser épico. Transformador. Casi mesiánico. Y debajo, el enlace para pagar. No me incomoda la venta. Es la desproporción entre el relato y la realidad.

También creo que se ha malinterpretado la autenticidad. Se confunde con rebeldía, con ir en contra por sistema. Como si decir palabrotas o usar humor te posicionara automáticamente. Como si todas las marcas “serias” fueran el enemigo. Pero eso también se volvió molde. Una narrativa validada más.

Muchos nos creemos disruptivos, pero terminamos apoyando el discurso que ya fue validado por el mercado, aunque sea el nuevo. Arriesgar de verdad implica criterio, y el criterio no es tan común. Como decía el personaje de El manantial, más que el talento, importa quién lo reconoce.

No sé si me fui por otro lado, pero me cuesta no ver esa conexión.

Culto o Ruido — Lines Aja's avatar

No creo que se esté cambiando el lenguaje solo a través de perfiles visibles como los que mencionas. O no solo. La "profundidad" va más allá.

Un ejemplo muy simple: un discurso de boda reciente. Emotivo, redondo, impecable.

También las invitaciones.

Todo muy “profundo”.

Había historia real, pero estaba sofisticada, elevada. Y no para mentir, sino para darle más empaque.

Y ahí está lo interesante.

No siempre es manipulación. A veces es la sensación de que lo simple no basta si no suena importante.

Y eso no es marketing. Es cultura.

Y sí, está conectado.

El lenguaje puede moldear la realidad, pero no puede disfrazar "la nada".