Lo íntimo se ha vuelto un KPI
Y la vulnerabilidad se llora en formato reel
“He visto cosas que vosotros no creeríais”, decía el replicante de Blade Runner
“Y no era atacar naves en llamas más allá de Orión. Eran marcas vendiendo su ética y su propósito al mejor postor”, continuaba en la versión remasterizada de 2025, al menos, según tengo entendido yo.
“He visto hablar de la guerra para vender una membresía. He visto usar la enfermedad de un familiar como hook. He visto la decadencia en modo embudo y la indecencia en formato prompt.”
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Lo veo. Lo ves.
El dolor forma parte de muchos planes de marketing.
Se comercializa con el morbo.
Se trocea la herida y se pasa por el funnel, a ver en qué etapa convierte mejor.
Sin pudor.
Sin rastro de convicción o pretensión de sanación.
Por pura conversión.
Y lo curioso es que no es un accidente. No son hechos aislados.
Es un patrón.
Un patrón que se repite porque el sistema ha aprendido que el trauma retiene atención. Y la atención, es la moneda al alza.
El dolor es ahora un activo emocional.
Y la empatía, una táctica de conversión.
Por eso hay marcas que fabrican narrativas de sufrimiento. Porque el dolor, dosificado y bien editado, vende.
Por eso te ofrecen sus lágrimas en archivo descargable.
Cuando lo íntimo deja de ser verdad, para convertirse en estrategia.
Una marca no nace de la exposición. Nace de la decisión.
La decisión de sostener una visión con convicción.
La decisión de comprometerse con un mensaje que no se tambalea cada vez que algo interno se agita.
No es fingir, es filtrar.
No se trata de mostrarlo todo. Y tampoco de esconderse.
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La línea es clara:
—Si la emoción deja de ser genuina y pasa a formar parte del plan de engagement...
—Si la coherencia se vende al mejor postor y el dolor entra en el brief...
Por ahí no es.
El problema nunca es la emoción.
No hay nada más legítimo que una emoción.
El problema es su explotación.
Cuando las marcas mercadean con ellas, dejan de inspirar y comienzan a manipular.
No te vendas por un puñado de likes, no te desvirtúes por unos cuantos euros.
Hay cosas que no tienen precio, y la ética debería ser uno de ellos.
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Soy Lines Aja y en Las Musas® convertimos marcas en narrativas inevitables.






Tampoco entiendo esa estrategia, método, o manera de comunicar. Como poner una foto en una camilla de hospital con una intravenosa, y lo primero que dicen es "estoy bien", como para que no te alarmes. Si esa es la intención, podrían comenzar por no poner la foto.
Luego es frecuente que la enseñanza sea "aprendí que debo parar", el gran aprendizaje después de terminar en una sala de emergencia. Donde, sin embargo, seguías con el teléfono en la mano posteando la lección.
Por último, es información vacía. No hay nada nutritivo en ese tipo de comunicación. ¿Parecer más humano? Solo se busca llamar la atención, pero una vez que la tienes, no hay nada que decir. Como esos personajes en películas que gritan, todos alrededor se callan y voltean a mirar, para solo darse cuenta que fue un grito aislado. No tenía nada que decir.