Hay una generación entera de talento exhausto
Y no por falta de ideas, sino por exceso de impostores felices.
Créditos imagen: Vitor Diniz, Pexels
En todos lados —nichos, industrias, sectores— hay dos tipos de personas:
los que saben y dudan,
y los que no saben, pero venden.
Los segundos ganan porque no piensan que son impostores.
Los primeros pierden porque lo creen.
No es una cuestión de talento, ni de método. A veces, ni siquiera de sistema.
Es más una cuestión de fe.
Y no es que premiemos la ignorancia, no.
Es que premiamos la certeza.
Entre la duda y la certeza, es donde están los que tienen talento, y aún así, se cuestionan.
¿Lo jodido de los impostores felices?
Además de que tú te quemas, que el cliente llega a ti también quemado.
Con un agujero en el presupuesto, y otro en la confianza, que te va a costar reparar.
El oficio tras la profesión
Cuando un cliente llega a ti después de una mala experiencia, además de tu profesión, ejerces tu oficio.
El oficio de recomponer la fe.
De volver a mirar sin cinismo.
De construir de nuevo la confianza.
No con promesas, sino con honestidad y coherencia.
Porque cuando muchos se quieren dar cuenta de la diferencia entre talento y talante, ya es tarde.
El golpe no llega cuando comprueban el cargo en su cuenta y ven que no han recibido una mierda.
El daño verdadero viene cuando se dan cuenta de que algo se ha roto, de que su fe se quebró.
¿Y qué pasa entonces?
Que pagan justos por pecadores.
Me ha pasado.
Te ha pasado.
Y nos pasará.
Y aun así, seguimos porque alguien tiene que hacerlo, ¿no?
Detrás de cada cliente quemado hay alguien que todavía quiere creer.
Eso también es trabajo.
Y no del que se factura, porque esto no cabe en un presupuesto, y muchas veces ni siquiera se revela de primeras.
Pero aunque no figure en el contrato, también es parte del trabajo.
Y muchas veces, el más vital que puedes hacer.
Hay algo que ningún algoritmo ni briefing puede medir: la fe que se reconstruye cuando alguien vuelve a creer.
Créditos imagen: Clem Onojeghuo, Pexels.
Soy Lines Aja y en Las Musas® convertimos marcas en narrativas inevitables.




