Entre la comodidad y la coherencia.
Una gripe, una pregunta y el libro que decidí no publicar.
La gripe me obligó a bajar una marcha, muy a mi pesar. Cuando el cuerpo para, se caen las máscaras. Ya no puedes seguir empujando por inercia ni fingir que todo es urgente.
Porque corremos. Todos. No siempre por deseo. Muchas veces por arrastre.
Corremos por estar donde “toca”, por no descolgarnos, por no desaparecer del radar correcto.
Llámalo LinkedIn.
Llámalo el congreso de marras.
Llámalo la mesa donde hay que dejarse ver.
En ese paisaje, muchas decisiones no se toman por criterio, sino por encajar.
Pero cuando paras a la fuerza surge la pregunta que normalmente tapamos con velocidad: ¿esto que estoy sosteniendo me pertenece o solo me mantiene en movimiento?
Mi respuesta es un manuscrito de 179 páginas guardado en un cajón.
Sí.
Tengo escrito un libro que nunca verá la luz. Podría venderse solo. Tiene nervio, tiene mercado y tiene ese tipo de energía que circula bien.
Está escrito, corregido, listo. Tiene todo para funcionar. Y es, precisamente, por lo que lo entierro.
Sin embargo, estoy escribiendo otro que no promete nada de eso. No tiene un pitch cómodo. No entra limpio en ninguna categoría. Pero es el que voy a publicar.
Y no.
No lo hago por romanticismo, sino por coherencia.
Publicar es fijar una posición.
Un libro no es solo un libro.
Es tu próximo post, tu próxima newsletter, la próxima reunión donde decides si buscas criterio o complacencia.
El próximo silencio que decides sostener.
Ahí también se escribe quién eres.
Las renuncias no suelen ser épicas.
Suelen ser pequeñas, casi razonables.
Cada una tiene un coste que no se ve en los números, pero sí en el pulso.
Por eso esta decisión no fue estratégica, fue estructural.
Llegó desde un cuerpo obligado a parar, desde una gripe que me sacó del ruido y me regaló una claridad que solo aparece cuando ya no puedes correr.
No sé cuánta gente leerá ese libro cuando se publique.
Sí sé desde dónde está escrito.
Y eso, para mí, ya es una forma de responsabilidad. No con el mercado, sino con mi pulso.
Todos tenemos una versión de nosotros mismos que funcionaría mejor. Una que encajaría más, que sería más fácil de vender y de sostener socialmente.
Y también tenemos otra que no garantiza aplauso ni validación rápida.
Al final, las decisiones que importan se juegan ahí: entre la comodidad y la coherencia. Entre seguir corriendo donde todos corren, o detenerse lo suficiente para escuchar qué parte de ti se está quedando fuera de la carrera.
Esa parte que no tiene prisa.
Que entiende que hay carreras que es mejor no correrlas.
Y que eso, es también estrategia.
Créditos Imagen: Lisa from Pexels (Pexels)
Soy Lines Aja y en Las Musas® convertimos marcas en narrativas inevitables.
No trabajo para gustar, trabajo para afilar tu marca y tu verdad.
Si buscas ficción no me busques.
Si buscas fricción no te alejes.



