Cuando la marca que más te importa tiene una RSC de mierda
Y el silencio se vuelve parte del brief
Debería hablarte de branding, de arquetipos, de coherencia, de cómo construir territorio.
Y sí, te voy a hablar de eso.
De posicionamiento ético, en un territorio que sangra ante los ojos de una marca. La más relevante, la más importante.
La Humanidad.
Esa que nos pertenece a todos.
De la que todos somos creadores.
De la que todos somos responsables.
Y ahora mismo, para serte franca, tiene una Responsabilidad Social Corporativa de mierda.
Territorios que sangran
El territorio es Palestina.
Pero sabes de sobra, que hay muchos más.
Los territorios no son solo geográficos.
También son morales.
Las fronteras se trazan en la empatía.
Y las guerras, los genocidios, las persecuciones, aunque se fraguan con armas, se sostienen con silencios.
No es una metáfora.
Son cuerpos.
Niños.
Voces que no volverán.
Una energía oscura que devora la razón, la esperanza y el mañana.
La guerra la mato sin darle un balazo
A la guerra le dan miedo los abrazos
— Residente, “Guerra”
Créditos imagen: Joanne Adela, Pexels
Cuando los números cuentan historias
Cuando los números cuentan historias, dejan de ser cifras y se vuelven acusaciones.
Cuando un informe dice que el 30 % de los muertos son niños, eso no es estadística: es historia escrita con sangre.
Y vergüenza.
Porque las cifras son cementerios ordenados. Hacen visible lo que la conciencia intenta borrar.
Pero no cuantifican el universo que con esa vida dejó de respirar.
Si tienes una marca, tienes un altavoz. Si tienes un altavoz, tienes una responsabilidad.
Y esta marca es nuestra. De todos.
El silencio también comunica.
Y a veces lo hace en el idioma de la cobardía.
No hay storytelling posible para este horror. Ningún copy suaviza una masacre. Ningún algoritmo justifica mirar hacia otro lado.
El branding sin ética es decoración.
El propósito sin acción es una excusa.
Y la Humanidad, esa marca que fingimos llevar puesta, necesita una revisión urgente de coherencia.
La guerra pierde todas sus luchas
Cuando los enemigos escuchan
La guerra es más débil que fuerte
No aguanta la vida
Por eso se esconde en la muerte
— Residente, “Guerra”
La guerra no es un hecho. Es un fracaso.
Un espejo roto donde se refleja nuestra incapacidad para reconocernos.
Y el reflejo de uno de esos fractales sobre el suelo, devuelve una imagen tan jodida como verdadera: lo que no aguanta la vida no es solo la guerra, es la indiferencia.
La imagen precisa de ese instante en que lo humano deja de doler.
No quiero poner una bandera en el balcón digital.
Quiero dejar constancia de que no todo vale.
Que hay dolores que no admiten silencio.
Y que este, este es uno de ellos.
PD: Amor es Roma en el espejo, y todos los caminos deberían llevar allí.





Decidir cambiar totalmente mi vida tiene muchas recompensas, y una de esas es encontrarte, y encontrarme en tus escritos. No son palabras, no te dejan inmóvil, es toda una declaración de intenciones.
Es estar de un lado del que no arrepentirse, es (y aunque parezca raro) esperanza. Porque los que hacemos branding y construimos marcas tenemos la obligación de marcar y defender un territorio que creemos correcto, que nos identifica, que va con nosotros.
Hoy más que nunca hay que escribir y alzar la voz, es la única forma de construir algo que valga cada gota de sudor, cada neurona puesta a funcionar, cada palabra que dice lo que tiene que decir.
Yo, contigo, a donde vayas.