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El taller de afuera's avatar

Hace un par de semanas vi un post que hablaba sobre Daniel Johnston y su relación con Kurt Cobain. No era tan joven cuando Nirvana explotó, pero no fue hasta la universidad que empecé a tener criterio propio: a elegir la música que me gustaba, las películas, todo eso. Así que Cobain no me influyó tanto, ni tuve acceso en su momento a ese famoso concierto de MTV.

Pero sí puedo conectar con lo que mencionas sobre Daniel Johnston. No lo conocía, pero en aquel post hablaban tan bien de él que lo busqué. Entendí a ese personaje frágil y valiente, con una necesidad tan fuerte de expresarse que no podía contenerla. Simplemente la soltaba, aunque temblara.

Lo que me genera cierta confusión —y creo que se ve mucho— es cuando la estrategia intenta condensar esa autenticidad hasta domesticarla, o peor aún, cuando se construye algo que no es cierto, con propósitos grandilocuentes que suenan huecos.

¿Qué es primero: el negocio o esa verdad? ¿Realmente toda marca necesita esa verdad para comunicar, es el único modo posible? ¿No basta con querer ganarse la vida con algo bien hecho, sin historias épicas ni de dolor?

También creo que es difícil que no te tiemble la voz cuando hablas de un sentimiento real e íntimo. Y ese temblor, más que un defecto, tal vez sea la señal de que algo verdadero está ocurriendo.

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